Con la Naturaleza NO se Juega
Empezamos un día de aventura como cualquiera, despertar de madrugada para
que el día nos abunde. Así que comenzamos con un bello amanecer en nuestro
camino hacia la autopista de Palín dirigiéndonos hacia el restaurante “Sarita”
el cual queda cerca de nuestro destino de aventura.
Ya eran las 6am cuando arribamos al punto de reunión, cuando de repente nuestro
guía nos da una llamada diciendo que se atrasó debido a que la carretera de Antigua
a Escuintla, la Ruta Nacional 14, quedó afectada por el desastre natural del Volcán
de Fuego, por lo cual estaba cerrada, así que tuvieron que tomar otro camino. Cuando
lograron llegar con nosotros, eran las 8am. Así que nos pusimos de acuerdo y
nos dirigimos a nuestro destino: El cerro Mirandilla, también conocido como Los
Tres Picachos.
Ya en la Ruta Nacional 14, pasado el Autódromo y justo después del segundo
puente está la entrada al rio, done hay lugar para aparcar los carros y empezar
la escalada. Antes de iniciar, nos dieron una charla de seguridad, repartieron
el equipo, conocimos a los guardias de seguridad que nos acompañaban y
preparamos nuestras cámaras para lo que íbamos (tomar fotos y videos). Ya todo
estaba listo, hasta que el Guía nos dice que: ¡el puente no está
habilitado! Así que empezamos a buscar
una forma de cruzar el rio. Encontramos una parte en la cual era fácil y la
corriente no estaba tan fuerte. Eso sí, me quité los zapatos porque emprender
una aventura con zapatos mojados… no se los recomiendo.
Habiendo pasado al otro lado del río, empezamos la caminata y la
inclinación empezó a incrementarse. Luego de media hora de escalar, el guía nos
paró en un punto con una vista bonita. El sol ya empezaba a ponerse fuerte, por
lo que regresamos un poco y nosotros sin saber el camino, esperamos en una
parte con sombra. Después de 45minutos casi una hora de estar esperando nos
dicen que habíamos tomado el camino equivocado y que teníamos que regresar al
inicio…

Nuevamente partiendo desde el punto de inicio (ahora por el camino correcto), se nos desprenden 3 acompañantes del grupo, porque ya se les hacía muy tarde. Así que solo nos quedamos 10 personas motivadas a llegar hasta la cima. El cerro tiene cierto grado de dificultad ya que existe el riesgo de resbalar y caer por el precipicio, porque se escala por toda la orilla.
Para todo esto, ya eran las 11:30 am. El sol se puso mucho más intenso y la humedad me empezó a sofocar ya que el viento no fluía debido a que el monte era casi de mi estatura (mido 1.85cm). Pero, logré llegar a la última parada antes de alcanzar el punto donde íbamos a escalar, en este lugar ya había una corriente de aire deliciosa y por supuesto la vista, ¡Increíble! No pude evitar tomar fotos 360 del momento
Después de esto, por fin llegué a lugar donde ya me esperaban todos. Aquí había una pequeña cueva donde nos resguardamos del sol intenso de medio día.
Mientras tanto, el guía se preparaba instalando las líneas (o cuerdas) para
escalar uno de los Picachos. Eso sí, cuando llegué y vi lo que querían escalar pensé:
“esto es nivel medio casi experto!” Ya que nunca había escalado. Cuando vi lo
que me esperaba… ¡Era prácticamente una misión imposible! De los 3 Picachos que
hay, el que teníamos enfrente era menos complicado que se podía realizar sin
tanto arnés, líneas y equipo. Así que tome la decisión de escalar ese en vez
del que nos habían ofrecido ya que la vista era la misma.
Desde la punta se miraba que una tormenta se aproximaba; Teníamos que
esperar que los que habían escalado primero bajaran, desarmaran su equipo y
demás. Pero, en lo que esto sucedía, comenzó la lluvia, así que el guía nos
indicó que lo más seguro era esperar a que el diluvio bajara para evitar
derrumbes o algún otro problema. Por lo que nos quedamos en la cueva que
estábamos usando de base. Algunos compañeros estaban fotografiando los truenos
que caían de lejos cuando de repente….
Me encuentro dentro de un sueño extraño, creyendo que al despertar iba a
estar en mi cuarto… Pero, me despierto y estoy todavía en la cueva. No sentía
nada y solo escuchaba que los demás preguntaban alterados: “Están bien?!” Yo no
podía moverme, solamente mi boca, y pude decir: “YO NO! ¡YO NO!”
Entre gritos solo escuchaba que decían: “les cayó un rayo mucha!!!!” Yo no
sabía exactamente qué me pasaba, solo no podía mover mi cuerpo, me sentía adormecido
y atontado, mis extremidades no respondían. Comencé a sentir un calor
impresionante, todo me ardía. Mientras esto le pasaba a mi cuerpo, yo tenía
mucho sueño, sin energía. Ya se cerraban mis ojos, pero un compañero no dejaba que
durmiera ya que (esto en ese momento no lo entendía) porque aparte, me di un
gran golpe en la cabeza al caer al suelo.
Me lograron mover un poco y lo primero que vi fue que El Rayo también había
alcanzado a otro de mis compañeros, que estaba en las mismas condiciones o
peores, en ese momento no podía procesar nada. Pude ver que a esta segunda
persona que le cayó, se paró y luego se desmaya por completo… Dentro de la
cueva se vive un fuerte momento de angustia...
Volviendo a la vida, logro ver ya claramente el panorama de la situación. El guía estaba inerte, no se movía; Su piel se
empezaba a poner blanca y los labios morados. Su esposa y uno de los policías
que nos acompañaba, trataban desesperadamente de hacerlo reaccionar. En ese
momento les grité: “Háganle CPR!”. De esa manera logran que vuelva a tener
señales de vida, pero aún no recobraba el conocimiento. Era un momento
completamente agónico en el que el guía parecía estar perdiendo la vida, la
esposa encima de él con shock nervioso. Cinco chavos del grupo salieron de la
cueva a buscar ayuda, dentro de ellos estaba al que le había caído el rayo
junto a mí, y fueron a probar suerte y ver si lograban contactar a alguien. Mientras
esto pasaba, volteé a ver y había un cuarto afectado, esta persona no podía
mover las piernas…
El agonizante momento era eterno… Poco a poco el guía fue regresando a la
vida y retomar su color normal. Los que nos quedamos en la cueva.
Queríamos contactar a nuestros amigos y conocidos pero la tormenta
eléctrica continuaba estando muy cerca y por miedo a atraer otro rayo con los
celulares asi que decidimos esperar que se alejara. Luego de unos 40 minutos se
aleja la tormenta y los rayos e inmediatamente se me vino a la mente un amigo
que tiene el contacto directo con el General Walter Sánchez del Ejército de
Guatemala.
No contesta… Pruebo nuevamente, y me mandó a buzón de voz… ¡No sabía que
hacer! Llamé más de 10 veces y nada. Así que comencé a mandarle mensajes de
texto: ¡AYUDA!
Recibí otra llamada, de parte de uno de los que había bajado, indicándome
que los bomberos no podían pasar porque el río que atravesamos al inicio, había
crecido por la tormenta y era prácticamente imposible cruzarlo. La esposa del
guía, desesperadamente, preguntaba si la ayuda ya venía en camino. Me atreví a
mentirle y decir que ya todo estaba arreglado y venían en camino para que los
nervios no la fueran a colapsar. Pero todavía no estaba seguro si los del
ejército iban a pasar y pues los bomberos… no podían llegar.
Como a las 5:30 pm logramos divisar al primer grupo del Ejército de
Guatemala que ya estaban a pocos metros de nosotros. Verlos nos dio a todos un
sentimiento de alivio y alegría. Saber que ¡Por Fin venían por nosotros! Dentro
de los soldados, venía un médico especialista listo para atender al guía. Inmediatamente
le colocó suero y con esto logró estabilizarlo.
Los demás soldados estaban organizando la operación de bajada porque la
única forma de bajar al guía era en camilla. A las 6 pm comenzamos a descender,
la camilla encabezando la formación y los demás siguiéndolo. Comenzando a bajar
nos encontramos con un rescatista que había mandado CONRED, llamado Ángel,
quien era un experto en escalar y rescatar personas. Él pidó permiso al Subteniente
encargado para que los dos que nos encontrábamos en mejores condiciones, nos adelantáramos
para que todos los oficiales se pudieran enfocar específicamente en el guía. Así
que, con autorización, nos adelantamos y empezamos a bajar un poco más rápido
de cómo veníamos, eso sí, con el mayor cuidado posible. Unos minutos después el
Sol se ocultó completamente y la noche nos acompañaba mientras seguíamos
descendiendo. Continuábamos nada más con la linterna de los celulares y con la
del rescatista iluminándonos el camino.
Media hora más tarde, sube un segundo grupo del Ejército para ayudar a
bajar la camilla y brindar apoyo a todos los demás, ya que nuestras piernas y
condición física no estaba en su totalidad. Para evitar un accidente extra,
cada uno de nosotros estábamos enganchados a un soldado. A paso lento, seguimos
la bajada que se sentía eterna hasta que por fin empezamos a ver luces de
carros, sentí un gran alivio. Pero aún faltaba un obstáculo más, el desbordante
río… Tenía una fuerza espectacular que, todavía me pregunto cómo los Oficiales lograron
cruzarlo. Acercándonos más, logré ver que el Ejército había construido un
puente, parecido a un Canopy.
Los soldados que nos venían acompañando nos dijeron que antes de cruzar el
río descansáramos un poco… Pero yo no podía esperar más, y recuerdo perfectamente
que les deje: ¡Descansamos cuando crucemos ahorita sáquenme de aquí! Yo solo
quería salir de ahí lo antes posible. Así que preguntaron quién quería pasar
primero y sin pensarlo grité “¡YO!”. Me engancharon y, déjenme decirles, que
fue la parte más divertida de todo el viaje; Deslizarse a través del rio. Del
otro lado nos esperaban ambulancias, bomberos, policías y, por supuesto, el
resto de Oficiales del cuerpo del Ejército de Guatemala. Gracias Dios y al
Ejército es que hoy puedo estar relatando esta aventura que se salió de las
manos, pero estamos todos de regreso ya con salud, ánimos de seguir siempre
adelante y con más sabiduría. 




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